Devocional

LA SEMILLA DE VERDAD 

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.  Efesios 2:8-10. 

Este pasaje de la escritura nos habla de nuestra salvación como un regalo de Dios. 

¿Has recibido completamente y con agradecimiento este regalo?

Puede que haya momentos en los que creas que no lo mereces, o lo des por hecho. Lee despacio el versículo 8, una palabra cada vez. 

¿Cómo es que has llegado a recibir este regalo de la salvación? 

Por su gracia – inmerecida, no ganada, por su favor. Te ha sido dada esta gracia por el tremendo amor de Dios y su rica misericordia. Te ha sido dada con un propósito, aquél que Dios ha planeado. 

PLANTA LA SEMILLA 

Recita tranquilamente el versículo principal de hoy. Guárdalo en tu corazón y medita en él durante el día. 

Efesios 2:10 

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. 

RIEGA LA SEMILLA 

Considera lo que significa ser Su trabajo.  Todo:

  • Las circunstancias de la vida, 
  • Tu personalidad, 
  • Tus talentos, 
  • Tus puntos débiles y los fuertes,

Todo ello ha contribuido a que seas quien eres y como has sido escogida en Cristo. 

1) Aparta hoy un tiempo para agradecer a Dios por su trabajo en ti. 

2) Pídele que te ayude a ver cómo te ha capacitado para bendecir al cuerpo de Cristo. 

3) Escucha y observa. 

4) Pídele que te de sabiduría y comprensión. 

5) Síguela adonde te guíe en el sendero de la justicia y permite que Él te lleve pacientemente. 

6) ¡Deja que te anime! 

LLEVA FRUTO 

7) Creados para buenas obras. 

TERMINA EN ORACIÓN 

8) Pide al Señor que traiga vida a todo lo que ha sido plantado hoy en tu corazón.

9) Disfruta de lo que Dios está haciendo en ti y a través de ti.

10) Que la mira sea siempre en Cristo.

Que Dios nos bendiga y demos fruto al ciento por uno, pero sobretodo que nos halle trabajando en la viña del Señor.

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. Mateo 24:46

LA INFERTILIDAD

El problema de la infertilidad 

Puede ser uno muy difícil, especialmente para parejas que tienen un enorme deseo de tener hijos.

Las parejas cristianas pueden encontrarse preguntando ¿Por qué, Señor? ante la pregunta de la infertilidad. Seguramente Dios quiere que los cristianos sean bendecidos con hijos, que los amen y los críen, y añadan más almas para Su servicio.

Para parejas que están sanas y que han resultado médicamente sanas, uno de los aspectos más dolorosos de la infertilidad, es el no saber si es una situación temporal o una permanente. Si es temporal, ¿Cuánto deberán esperar? Si es permanente, ¿Cómo lo sabrán ellos y qué acción deberán tomar?

La Biblia ilustra el problema de la infertilidad temporal en varias historias: Sarai (Génesis 11:30), posteriormente llamada Sara. Dios prometió a Abraham y a Sara una descendencia, pero ella no dio a luz a su hijo Isaac, hasta los 90 años de edad.

Rebeca (Génesis 25:21) Isaac, su esposo, oró fervientemente, y Jehová respondió; tiempo después nació su hijo Jacob.

Raquel (Génesis 30:1, 22-24). Ella oró y al fin Dios “abrió su matriz” y dio a luz a un hijo, José.

La esposa de Manoa (Jueces 13:2) quien dio a luz a Sansón.

Elisabet (Lucas 1:7,36) En su vejez dio a luz a Juan el Bautista, quien anunció la llegada de Cristo.

La esterilidad de Sarai, Rebeca y Raquel (las madres de la nación israelita) es significativa en que finalmente, su capacidad para concebir hijos fue una señal de la gracia y el favor de Dios hacia Su elegido. Sin embargo, las parejas infértiles no deben asumir que Dios está retrayendo Su gracia y favor, tampoco deben asumir que de alguna manera están siendo castigados. Las parejas cristianas deben apegarse a la seguridad de que sus pecados son perdonados en Cristo y que Dios nunca los castigará por sus delitos, especialmente negándoles los hijos.

Así que ¿cómo debe enfrentar la infertilidad una pareja cristiana? Es bueno buscar consejo de ginecólogos y otros especialistas en fertilidad. Tanto el hombre como la mujer deben tener un sano estilo de vida para prepararse para el embarazo.

Al leer acerca de las madres de la nación de Israel, vemos que ellas oraron fervientemente por concebir, así que ciertamente no está por demás seguir orando por un hijo. Sin embargo, primeramente debemos orar por la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Si Su voluntad es que tengamos un hijo natural, lo tendremos. Si Su voluntad es que adoptemos, cuidemos a niños, o carezcamos de ellos, eso es lo que debemos aceptar y aceptarlo con agrado.

Sabemos que Dios tiene un plan divino para cada uno de Sus amados, y Dios es el autor de la vida. Él permite y retiene la concepción. Dios es soberano y posee toda la sabiduría y el conocimiento (Ver Romanos 11:33-36)  Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, (Santiago 1:17).

El conocer y aceptar estas verdades, llegará hasta el dolor de los corazones de las parejas infértiles.

 

Amor verdadero

Amor verdadero

A pesar de nuestros delitos y pecados el Señor muestra el verdadero amor al poner su vida ocupando nuestro lugar.

«En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.»  1 Juan 3:16 RVR1960

Vemos todo tipo de amor, tal como el amor a tu pareja, el amor a los hijos, a los padres, el amor a los amigos, el amor a tu mascota, el amor a uno mismo, el amor al dinero, al trabajo, a tu equipo de fútbol, a la bebida, el amor a tu país, a tu casa, hablamos de hacer el amor, de sentir el amor, de soñar con nuestro amor ideal, etc, pero realmente ¿Cuál es el verdadero amor?

Dice la Biblia que Dios es amor, y que conocemos realmente lo que es el amor en que Jesús dio su vida por nosotros.
Sin embargo vemos en esta vida actos en los que una persona da su vida para salvar a otra, ¿Es entonces este acto comparable al del Señor? ¡¡Para nada!! Pudiéramos llegar a estar dispuestos a dar nuestra vida para salvar la de un hijo, incluso un familiar o amigo, alguien a quien queremos mucho y decidimos que siga con su vida perdiendo nosotros la nuestra. Tal vez nos vemos en una situación en la que decidimos sacrificarnos por bien de salvar a otras personas como un acto heroico. ¿Pero estaríamos dispuestos a morir torturados para que un asesino se salve de una condena así?, o ¿Nos sacrificaríamos en un acto heroico en el cual serían libres muchos violadores, crueles psicópatas y asesinos sin escrúpulos?, es más, ¿Daríamos nuestra vida para liberar la de alguien  que ha asesinado a nuestro hijo, o violado a nuestra madre, o nos ha estafado y arruinado la vida, o alguien que nos desprecia, maltrata o humilla?

Por supuesto que son ejemplos con personas que han cometido graves delitos y atrocidades, pero te aseguro que es muy delgada la línea entre lo que consideramos una “buena” persona y una persona así. Tal vez tú creas que no eres tan malo, pero cuantas veces escuchamos casos que nos sorprenden y pensamos “pues no me esperaba algo así de esta persona, si no ha hecho nunca mal a nadie, más bien era muy amable y atento”. Un día que has tomado una copa de más, un ataque de ira que se te va de las manos, una mentira que desencadena una catástrofe, una infidelidad que destroza tu familia, un acto de cobardía en no afrontar un error cometido, un robo que causa un perjuicio por pequeño que sea, una crítica que daña la reputación de otra persona, el poder hacer algo por otros y no hacerlo, un mal pensamiento (que es el origen de toda mala acción, aunque por miedo a las consecuencias no lo hayas llevado a cabo), etc.

El Señor entregó su vida por todos, para que toda persona tenga la oportunidad de creer en Él y arrepentirse de sus pecados y así no se pierda sino que tenga vida eterna (Romanos 5:8). Y ten por cierto que todos fallamos en una cosa o varias, y si queremos que la vida sea justa debemos de pagar por nuestros errores, y por pequeños que sean vamos acumulando una deuda que desde un inicio ya es impagable.

Ahora que conocemos el verdadero amor y que el Señor Jesús se entregó por cada uno de nosotros nos dice que nosotros también debemos de dar nuestra vida por nuestros hermanos en la fe.

La primera carta del apóstol Juan trata claramente como debe de ser la comunión con Dios y con nuestros hermanos en la fe, dejando de manifiesto que quien permanece en pecado, no guarda sus mandamientos y no ama a su hermano, no es hijo de Dios. Y amarnos no es solamente tenernos estima o cariño, hacer actividades juntos, soportarnos los unos a los otros, perdonarnos, ayudarnos en ocasiones, etc, el mandamiento de amarnos va mucho más allá hasta el punto en que se nos llama a que debemos de poner nuestra propia vida por los hermanos así como Cristo lo hizo por cada uno de nosotros.

Pero si debemos de dar la vida por nuestros hermanos ¿Por qué vemos en la iglesia críticas, rencillas, falta de perdón, menosprecio, envidias, divisiones, humillaciones, burlas, etc? Y entiéndase por iglesia el cuerpo de Cristo, todo verdadero creyente en todo lugar y tiempo, y no los hermanos que se reúnen en un mismo local.

A partir de hoy revisa tu relación con tu hermano en Cristo, si realmente le amas como el Señor te pide que lo hagas, si estás cumpliendo con su mandamiento cuando el Señor te bendice de tal forma que puedes llegar a cubrir necesidades que tenga tu hermano, ya sean materiales, espirituales o emocionales. Y recuerda: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.» 1 Juan 4:20-21 RVR1960

Autor: David Ibarra
david@laluzdelavida.com

 

La fidelidad de Dios

La fidelidad de Dios ♥

Un atributo de Dios es su fidelidad, de modo que podemos estar plenamente confiados que cumplirá su Palabra.

«Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.» Hebreos 10:23 RVR1960

La fidelidad es la lealtad al cumplimiento de lo que se ha establecido. Dios es un Dios de pactos, de promesas, de advertencias, de verdad y por tanto cumplió, cumple y cumplirá con su Palabra.

Vemos como la fidelidad de Dios es uno de sus atributos que destaca en las Escrituras, donde el Señor realiza aquello que ha dicho, llevando a cabo el pacto que estableció con su pueblo, así como también ejecutando las amenazas de las que fueron advertidos. Deuteronomio 7:9 «Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;»

En la carta a los Hebreos se nos insta a que nos mantengamos firmes en la esperanza que tenemos que aquel que cree en Jesucristo será salvo y libre de culpa (1 Juan 1:9). El sacrificio del Señor Jesús nos limpia de todo pecado (v. 22)  y nos permite acercarnos a Dios en una íntima relación (v. 19). Y podemos estar plenamente confiados que así será pues es la promesa de Dios, y Dios es fiel.

Pero el Señor también demanda de nosotros una fidelidad a guardar sus mandamientos, siendo este un aspecto del fruto de haber recibido el Espíritu Santo, el cual nos ayuda a ser fieles hasta la muerte (Apocalipsis 2:10). Sin embargo aquel que permanece y persevera en el pecado después de conocer el evangelio está despreciando al hijo de Dios y el sacrificio que hizo para que pudiera ser salvo (v. 26-29).

A  partir de hoy, estés pasando por lo que estés pasando, ten plena confianza en la Palabra de Dios, en sus promesas, y en que si crees en Jesús como tú Señor y Salvador tendrás vida eterna, gozas de una íntima relación con Dios y tienes el Espíritu Santo el cual obra en tu vida y te ayuda a que te apartes del pecado y tengas una vida en santidad consagrada a Dios. Y si todavía no has creído las Buenas Nuevas del Señor, ¿qué estás esperando?

Hay un himno de  Tomás Obadiah Chisholm  que realza este atributo de Dios, su fidelidad, y dice así:

¡Oh, tu fidelidad!

Oh, Dios eterno, tu misericordia,

Ni una sombra de duda tendrá;

Tu compasión y bondad nunca fallan,

Y por los siglos el mismo serás.

Coro:

¡Oh, tu fidelidad! ¡Oh, tu fidelidad!

Cada momento la veo en mí.

Nada me falta, pues todo provees,

¡Grande, Señor, es tu fidelidad!

La noche oscura, el sol y la luna,

Las estaciones del año también,

Unen su canto cual fieles criaturas,

Porque eres bueno, por siempre eres fiel.

Tú me perdonas, me impartes el gozo,    

Tierno me guías por sendas de paz;                                                  Autor: David Ibarra

Eres mi fuerza, mi fe, mi reposo,                                                                  david@laluzdelavida.com

Y por los siglos mi Padre serás.

 

Viviendo en amor

Viviendo en el amor de Dios

Una serie de mandatos para permanecer en la fe cristiana frente a la apostasía.

«Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.»  Judas 1:20-21

Judas, en su breve carta, nos da una clara advertencia a fin de tener cuidado de los apóstatas y nos exhorta a que contendamos ardientemente por la fe (v.3). Esta advertencia es aplicable a todos los creyentes de todo tiempo y lugar debido a que todos estamos sujetos a caer en errores doctrinales y prácticos.

Por ello se nos da una serie de preceptos para evitar la apostasía, pues en el gnósticismo que estaba surgiendo, contra los que Judas advirtió, negaban el señorío de Cristo (v. 4), ejercitaban una licenciosa conducta pecaminosa (vv. 4, 8, 16), se rebelaban contra la autoridad (vv. 8, 11, 18), estaban entregados a sus propios deseos (vv. 16, 19), vivían preocupados sólo de autogratificarse (vv. 11–12, 16), eran divisionistas (v. 19), criticones (v. 16) y orgullosos (v. 16). Estos son algunos de estos mandatos:

  • Edificarnos sobre nuestra santísima fe.

Nos vamos edificando de forma personal en el progreso del conocimiento de la fe que nos es dada a los creyentes (v. 3) y que encontramos en Las Sagradas Escrituras para estudiarla, meditarla, memorizarla y aplicarla bien. Hechos 20:32 «Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.»

  • Orar en el Espíritu Santo.

Orar por medio del Espíritu Santo (Efesios 6:18), el cual nos ayuda guiándonos en la oración, como nos dice la Palabra en Romanos 8:26. Por tanto cuando oremos, dejemos que el Espíritu Santo nos dirija en oración, no tanto por las palabras que decimos, ni quiere decir que es hablar en lenguas, sino por cómo estamos orando. 1 Corintios 14:15 «¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.»

  • Esperar la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.

Aguardar el retorno de Cristo por su iglesia, esperando el rapto que será la evidencia consumadora de su misericordia para la vida eterna y el disfrute de la misma para siempre en la presencia de Dios. 1 Pedro 1:13  «Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;»

  • Conservarnos en el amor de Dios.

Conservarse es mantenerse igual a lo largo del tiempo, y esto se produce en base a edificarse alimentándose con su Palabra y viviéndola, con una comunión íntima en oración y confiando en sus promesas esperando su cumplimiento, engloba las tres anteriores. Por tanto permanecer en el amor de Dios es recordar constantemente el amor del Señor por nosotros obedeciendo su Palabra. Juan 15:9-10 «Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.»

A partir del día de hoy cuídate de la apostasía, alimentándote y confiando en la Palabra del Señor para que a través de su conocimiento no caigas en errores doctrinales, déjate guiar por el Espíritu Santo en tus oraciones y permanece en el amor de Dios a fin de que no falles en prácticas tales como la permanencia en el pecado, la falta de sometimiento, mansedumbre y humildad, vivir una vida egoísta y hedonista, y actitudes que provocan división, crítica y orgullo, pues todo ello apóstata de la fe que profesas.

Autor: David Ibarra Avendaño
           david@laluzdelavida.com

Pensamientos de paz

Pensamientos de paz

Los buenos planes de Dios para su pueblo, un pueblo que le busque de todo corazón y le obedezca.

«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»  Jeremías 29:11 

El profeta Jeremías escribe una carta a los exiliados en Babilonia, donde les aguarda una larga estancia hasta que se cumplan los setenta años de castigo al pueblo de Judá y el Señor en su misericordia los haga volver. Este exilio forma parte de los planes de Dios para que lo busquen de todo corazón, para que se arrepientan y regresen a su Dios, como vemos en Deuteronomio 30 estas son las condiciones del Señor para la restauración y la bendición a su pueblo rebelde.

Pero los planes del Señor para los exiliados no son de sufrimiento de calamidades o males, sino de una vida de paz y bienestar, aceptando el castigo del Señor en Babilonia en lugar de desesperarse al escuchar a los falsos profetas que predecían el pronto regreso y la derrota de Babilonia. El pueblo ahora debía de obedecer al Señor para tener una vida normal, edificando sus casas, cultivando sus huertos, formando familias y llevando una vida conciliadora que busque la paz y prosperidad del pueblo babilonio. Asimismo el Señor les da un mensaje de futuro y esperanza para su regreso una vez transcurra el tiempo establecido y arrepentidos de su desobediencia busquen a Dios de todo corazón (Daniel 9:1-19).

Y es que el Señor quiere lo mejor para sus hijos, que tengamos una vida plena, de paz, de amor y gozo, y para ello debemos de seguir la guía que nos ha dejado, su Palabra, pues guardando sus principios y mandamientos estaremos recorriendo el único camino de la verdadera y auténtica vida.

Por nuestra desobediencia el Señor nos advierte en numerosas ocasiones, nos muestra su misericordia cada día y todo su amor por nosotros, pero al obstinarnos en rebeldía el Señor tiene que reconducirnos hacia el camino correcto y obrar en nuestras vidas hasta que nos volvamos a Él. Aun así el Señor tiene buenos pensamientos para nosotros y palabras de esperanza.

Si el Señor por tu desobediencia te ha llevado al “exilio” donde estás pasando momentos de angustia, incertidumbre, inquietud, aflicción, momentos que estaban fuera de los planes para tu vida, si te encuentras en un vacío porque te has apartado del camino del Señor, si has escuchado sus exhortaciones y las has pasado por alto, si estás viviendo una vida alejada de los principios bíblicos, una vida en pecado, egoísta, hedonista, o tal vez hipócrita aparentando una vida en santidad consagrada a Dios cuando realmente es fingida, si es así entonces debes rectificar tu vida y en actitud de arrepentimiento buscar a Dios para volverte a Él.

A partir de hoy busca a Dios con todo tu corazón, arrepiéntete de tus rebeldías, olvídate de tus pensamientos y déjate guiar por los suyos sabiendo que el Señor tiene planes de bienestar mientras obra en tu vida.

Autor: David Ibarra
           david@laluzdelavida.com

Devocionales para ser Luz

Mi tentación,

          mi concupiscencia.     

El Señor nunca te va a tentar para que caigas en pecado.

«Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.»   Santiago 1:13-14 RVR1960

La tentación es el estímulo o la incitación que induce a obrar mal, a pecar. Gracias a la Palabra del Señor conocemos el pecado, como nos dice el apóstol Pablo en la epístola a los romanos (Rom 7:7), la transgresión voluntaria a los preceptos de Dios.

Somos tentados cuando sentimos el impulso de llevar a cabo una acción que sabemos que infringe la Palabra del Señor, esta tentación nos incita a pecar, pero ¿De dónde viene la tentación?

Podemos llegar a pensar que cada vez que somos tentados Dios nos está probando para ver nuestra santidad, nuestra fidelidad a Él, pero la tentación no es en sí una prueba, pues el fin de la misma es la desobediencia a Dios en un acto malo o la omisión culpable de un acto bueno obligatorio, sin embargo el Señor quiere que seamos santos (1 Pedro 1:16).

El Señor prueba nuestra fe, nuestra confianza en Él y en su Palabra, que sepamos que sin Él nada podemos hacer, por eso en cada prueba del Señor nos da una salida, una salida para no caer en la tentación y esta no será más allá de lo que podamos soportar (1 Corintios 10:13). Por tanto el Señor no nos tienta, no nos incita al pecado sino que usa la tentación en una justa medida en que podemos superarla como una prueba y además nos aporta la salida para que tengamos la opción en nuestra decisión voluntaria de alejarnos del pecado.

Dios es tres veces Santo y no puede ser tentado por el mal. Esto nos puede llegar a confundir cuando vemos que el Señor Jesús fue tentado en todo (Hebreos 4:15), fue incitado a caer en toda tentación de forma que siendo sometido a las mismas pruebas que nosotros ahora puede conmoverse de nuestras debilidades, pero que jamás pecó pues Dios no puede ser tentado por el mal, pues del Señor no surge un deseo o estímulo hacia lo malo ya que esto es incompatible con su santidad.

Sin embargo cuando nosotros somos seducidos y atraídos hacia el mal, hacia el pecado, debemos de saber que de nuestro interior brota un apetito desordenado de placeres sensuales o sexuales y un deseo ansioso de bienes materiales debidos a nuestra naturaleza caída, es por ello que el Señor nos llama a apartarnos de esos deseos a través del Espíritu Santo, Romanos 8:13 «porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.»

Cuando el Señor Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, resistió a cada una de las tentaciones del diablo mediante la Palabra, “Escrito está”, esto nos muestra la importancia de conocer bien la Palabra del Señor, de comprenderla y memorizarla, para guía a nuestras vidas en un camino en santidad y poder resistir las tentaciones que nos llevan al pecado. Por ello el Señor insiste en que meditemos en la Palabra en todo tiempo (Josué 1:8), la enseñemos a nuestros hijos (Proverbios 22:6)  y hagamos discípulos a todo aquel que crea en el Señor.

En el día de hoy medita en la Palabra del Señor para que puedas resistir la tentación que proviene de tu propia concupiscencia, reconoce la Santidad de Dios y que nunca vas a ser tentado por Él, y si el Señor te prueba, aférrate a Jesús y pídele en oración que te muestre la salida que Él mismo té ofrece para que salgas vencedor.

Autor: David Ibarra Avendaño
           david@laluzdelavida.com

DEVOCIONALES PARA SER LUZ

Devocional para ser Luz

«Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.»

1 Crónicas 29:11 RVR1960

 

 

Dios excelso

Alabamos y ensalzamos al más alto y sublime, al que reina sobre todo el mundo.

El rey David alaba y ensalza al Señor tras la generosa ofrenda que realiza el pueblo de Israel para la construcción del Templo, reconociendo que todo es de Dios y todo procede de Él, y que por tanto lo que ofrecen voluntariamente para el Templo lo han recibido anteriormente del Señor mismo.

Nosotros también debemos de reconocer que todo es de Dios, todo  lo que tenemos es porque el Señor nos los ha dado. Es muy fácil llegar a pensar que aquello por lo que hemos pagado un precio nos pertenece, una parcela de tierra, una casa, un coche, joyas, etc. pero todo es del Señor, hasta el aire que respiramos, el agua que bebemos o la luz del Sol.

Llegamos incluso a hacernos propietarios de otras personas, sin valorar ni respetar su vida, su tiempo, opinión, sentimientos o decisiones, queriendo someterlos e imponerles nuestros deseos, cuando realmente no somos dueños ni de nosotros mismos.

Tan solo somos administradores de las cosas que tenemos, como dijo Job “Jehová da y Jehová quita, bendito sea el nombre de Jehová”. Así como hoy tenemos una casa y bienes, mañana podemos perderlo todo, así como hoy tenemos salud mañana podemos tener una enfermedad, nuestro cónyuge es nuestra ayuda en el camino y nuestros hijos un préstamo de Dios para cuidarlos y formarlos, la naturaleza debemos de conservarla y protegerla y a nuestro prójimo debemos de respetarlo, valorarlo y amarlo como a nosotros mismos.

«Jesús es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.»

Colosenses 1:15-16 RVR1960

Todo fue creado por Él, pues nadie más puede crear, todo es de Él, y lo entrega o arrebata conforme a su voluntad, y todo es para Él, pues solo Él es digno y todopoderoso.

Dios está sobretodas las cosas, cada uno de sus atributos excede nuestro entendimiento y comprensión, es en una íntima comunión con el Señor a través de la oración y a través de la Palabra que llegamos a conocerlo y reconocerlo cada día más y más.

Realmente somos conscientes de que nada es nuestro cuando admitimos el completo señorío de Dios y por tanto le agradecemos por cada una de las cosas que nos permite tener, reconocemos toda su generosidad y poder, así como le alabamos y ensalzamos dándole toda la gloria, pues el Señor es el excelso sobre todos.

Así que en el día de hoy glorifica al Rey de cielo y tierra y agradécele por tu vida y por cada una de las cosas que tienes y no lamentes las que no tienes, disfruta de su maravillosa creación y ama a tu prójimo como lo hace el Señor.

Valencia se viste de fiesta!

Las Fallas

Son fiestas que van del 15 al 19 de marzo con una tradición arraigada en la ciudad de Valencia y en diferentes poblaciones de la Comunidad Valenciana.


        El día 15 de marzo empieza la plantà y el 16 a las ocho de la mañana ya está cada falla en su lugar, más de 700 monumentos algunos de 25 metros de altura.

 

 

 

 

     Lo más tradicional es recorrer las calles de la ciudad contemplando las fallas, mientras se disfruta de un exquisito chocolate con buñuelos de calabaza

 

 

 

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